Hola

No sé qué saldrá de esto, por ahora sólo puedo decir: "Una de aficiones por favor"



TEATRO, ESCRITURA Y MAGIA... eso es todo.

jueves, 25 de agosto de 2011

METAMORFOSIS

Hola. Pues aquí tenéis otro de mis relatos, este tiene algo más de un año, ¿qué pasaría si una mañana te despertases siendo una chica?

Ahí dejo la pregunta.


MI METAMORFOSIS
Una mañana al levantarme, como siempre, corrí hacia el baño y vi que mis órganos genitales no estaban, mis necesidades fisiológicas me obligaron a hacer pis sentado. Al principio no sentí ningún cambio, pero al despejarme un poco, me levanté del inodoro de un salto y me puse en busca de mi cuerpo, que aunque no me sienta orgulloso de mis órganos genitales, les tengo cariño, y me son familiares. Pero seguían sin estar.

Cuando mi madre se despidió diciéndome “me voy, adiós hija”, pensé que tras la ducha todo cambiaría y que esta situación tan absurda sólo pertenecería al sueño del que todavía no me había despertado.

En la ducha, desnudo, sentí más curvas de las normales. Las mismas con las que muchas veces he soñado que acariciaba, pero perdieron todo su erotismo en el momento en el que me eché el gel por el cuerpo. Puse la temperatura del agua al máximo para intentar salir de esa pesadilla, pero al ver que nada cambiaba, pensé que una vez me vistiese todo volvería a su ser.

Al entrar en mi cuarto, cuando vi que las deportivas que solían estar tiradas por el suelo se habían convertido en manoletinas, abrí el armario en busca de un calzado más apropiado para un día de invierno pero sólo encontré más pares de manoletinas de diferentes colores. Cuando vi en una esquina unos zapatos más abrigados y advertí que tenían cinco centímetros de tacón, tuve que decidir entre pasar frío o luchar contra el vértigo de estar subido sobre unos zancos.

No quedaba ninguno de mis vaqueros y, en su lugar, unas minúsculas faldas estaban colgadas en las misma perchas que hasta hace unos días, yo había utilizado, así que tuve que elegir la que más se ajustaba a mi talla, por una vez no envidié los músculos de Jorge, no pegarían nada con la falda azul por la que al final me decanté.

A la hora de ponerme el sujetador, imaginé con cierto rencor a la persona que inventó ese instrumento de tortura. Al reparar en que tenía relleno, consideré lo engañado que estuve siempre. De cualquier forma no podía pararme a pensar, si no me daba prisa, perdería la ruta. Salí de casa con faldita, jersey enano y una chaquetita color semáforo.

Al llegar a mi parada, pensé que mi mejor amigo, se extrañaría de mi cambio, pero al ver su comportamiento normal, me percaté de que mi cuerpo de mujer que yo tanto desconocía, para él era de lo más cotidiano. Estaba empezando a volverme loco.

Cuando entré en el aula, con frío y sabiendo que me habían tocado el culo ya tres veces durante el trayecto, fui a hablar con Andrés, mi compañero
desde los cinco años, para contarle mí desgracia. Al instante, me di cuenta de que no me hacía ni caso y vi que sus ojos estaban posados en mis pechos rellenados.

Al intentar sentarme en el sitio de siempre, me encontré con el delegado, lista en la mano, con voz y cara de panoli diciendo que ese era su sitio. Entonces, esperé a que todo el mundo se sentase para saber cuál era el mío, mientras una voz decía en mi interior: “y además, presiento que no has hecho los deberes…”

Pensé que podría haber sido peor, mi madre siempre me recomendó leer un libro, y prometo que algún día lo haré, en el que un tal Gregorio se despertó una mañana siendo un escarabajo pelotero.

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