Hola

No sé qué saldrá de esto, por ahora sólo puedo decir: "Una de aficiones por favor"



TEATRO, ESCRITURA Y MAGIA... eso es todo.

lunes, 22 de agosto de 2011

Destino: Brea de Tajo

Hola a todos. Aquí os traigo mi primer escrito. Uno de los que más me gustan, lo escribí hace unos meses para la asignatura de Lengua. La profesora quería que con una historia de tema libre representásemos un refrán o dicho español. y posteriormente lo presenté para el Concurso Literario de mi instituto. Quedó segundo, el primero fue otro mío y que la verdad, en mi opinión, era mucho peor que este otro. En cualquier caso espero que lo disfruten y coméntenlo.
Destino: Brea de Tajo

            No entiendo qué estoy haciendo yo aquí, en un calabozo de apenas dos metros cuadrados, ¿pretenden que duerma en un colchón quemado por las esquinas y en el que me sobra el pie entero? Apenas puedo ver el color real de las paredes, están llenas de manchas y pintadas. No hace frío pero tengo los pies helados, me han hecho dejar las deportivas fuera y precisamente hoy llevo puestos unos calcetines finos. Antes de entrar en este cuartucho he podido ver que junto a las puertas de los demás calabozos ocupados también había un par de zapatillas, por un momento me ha recordado a la noche de reyes que celebrábamos en casa hasta mis diez años, cuando todos metíamos una chocolatina y un regalo en nuestros zapatos junto a la chimenea, mamá, papá y yo.
            Aquí no hay chimenea, sólo un pasillo con calabozos como el mío y un algarabía de voces de las que no consigo entender nada. No sé si hablan en castellano, no sé si se están insultando, no sé si están quedando para salir mañana. Me alegro de estar separado de esos otros por estas altas y sólidas paredes.
            No sé qué hago aquí, en cualquier momento llegará mi padre y lo arreglará todo. No sé por qué esa Fiscal que hace un rato me ametralló a preguntas le daba tanta importancia a algo que todos hacemos en el Instituto. Mi padre dice que debemos aprender a defendernos, eso nos hace hombres.
            Siempre nos hemos metido todos con Juan, desde el colegio, no es algo nuevo, es un débil. Recuerdo cuando cumplió siete años, en el McDonald's, no sé bien qué pasó entonces pero terminó llorando antes de llegar a soplar las velas. Además de nenaza es un mentiroso, yo nunca le he atracado, a mí el dinero me lo da siempre que se lo pido, sólo ayer le enseñé el puño americano, ni siquiera le amagué. Yo no soy un delincuente, por no tener, no tengo ni navaja. ¡Qué sé yo cuánta pasta le habré sacado en todo este tiempo desde que se come los mocos! Seguramente no llegue a los cincuenta euros, ya ves tú, cincuenta míseros euros le ha costado meterme en este calabozo oscuro y cutre. Que se prepare mañana en el Instituto, ésta vez no le va a servir esconderse en los cuartos de baño durante el recreo.
            Además de débil debe estar enfermo, durante el último año ha faltado mucho a clase, era una pena, no teníamos de quién reírnos. Más de una vez he visto cómo le temblaban las manos y las rodillas, e incluso a veces se le caían los libro por el pasillo. Algunos dicen que es por miedo, imposible, debe tener un problema muscular, o eso, o simplemente es un patoso.

            La jueza ha dicho que al menos me pasaré tres meses en Teresa de Calcuta hasta espera de juicio, pero da lo mismo, en cualquier momento llegará mi padre y lo arreglará todo. Mientras tanto tendré que esperar a que amanezca, he perdido la noción del tiempo, me han quitado el reloj y el móvil.  Dos guardias civiles me fueron a buscar durante el primer patio. Después ya aquí, subí dos veces, o tres, a hablar con la Fiscal de las preguntas y con el pringado del abogado de oficio. Ni siquiera dejaron hablar a mi padre, me hubiese gustado ver la cara que él puso cuando esa mujer, mucho más joven, le mandó callar sin contemplaciones, por desgracia, estaba justo detrás de mí. Seguramente eso fue antes de comer porque al salir me dieron un sandwich, un zumo y un paquete de galletas, sólo me comí las galletas y me bebí el zumo. Cuando subí otra vez a hablar con el psicólogo debía ser ya muy tarde, ese sí que hacía preguntas tontas, que si el colegio, que si fumo porros, que si estudio... Además, qué le importará a él. Estudiar no sirve para nada, papá dice que él nunca estudió y que ahora gana más dinero en un mes que mi tutora en todo el año, aunque a veces siento algo raro cuando veo entrar a mis compañeros en su aula, ahora están haciendo todos cuarto y yo, el año que viene empezaré el PCPI, seguramente siento envidia, no, imposible, ellos son unos pringados. Como dice mi padre, con suerte, podemos tener la vida resuelta y por mucha cultura que tengamos si no hay suerte, seremos siempre unos desgraciados. Supongo que ya era medianoche cuando bajé de nuevo al calabozo, pero los de las voces seguían gritando como si se tratase del mediodía.
            Me hubiese gustado poder tener el móvil para hacerme una foto en el calabozo y otra mientras estaba esposado, después, las subiría a "tuenti", mi amigos al verlas fliparían.
            Al final me he debido quedar dormido, alguien está abriendo la puerta, puedo oír dos voces que se dirigen a mí, pero no consigo entender nada de lo que dicen, son dos policías, El más delgado, me hace un gesto brusco indicándome que me levante de la cama, me trae las zapatillas para que me las ponga y me vuelve colocar las esposas. Me gusta el sonido que hacen al cerrarse, aunque aprietan y duele un poco. mientras subimos, los dos maderos hablan entre ellos, como si de la cosa más normal del mundo se tratase, se equivocan nada de esto es normal, no entiendo qué hago aquí y mi padre no llega para sacarme de este infierno.
            Ya no se oyen voces como al principio, se han debido dormir al igual que yo. En las escaleras, dos moros, también esposados y acompañados por otros dos policías se unen a nosotros, puedo oír decir a uno de los polis que nos llevan a los tres a Teresa de Calcuta. No puede ser, tiene que haber un error, ellos deberían estar en otro centro aparte, ellos sí que son delincuentes, como dice mi padre, vienen de ilegales a robarnos y a quitarnos el trabajo que tanto nos cuesta encontrar hoy en día. Maldito Juan en la que me ha metido, no entiendo nada, antes éramos amigos, incluso me invitaba a sus cumpleaños.   
            Mientras subimos, puedo ver la cara de frialdad de los dos moros, es tranquilizador pensar que ellos también van esposados, la sensación que tengo ahora sí que es miedo y no lo que decía el ignorante del psicólogo sobre lo que podría haber vivido Juan.
            ¿Nos van a subir a los tres en este furgón? Me niego. No entiendo lo que me ha dicho entre dientes uno de los policías, ojalá tuviese bolígrafo para apuntarlo y después contárselo a mi padre, él tomaría medidas: "a todo cerdo le llega su San Martín".

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